¿Qué carajos tiene usted que ver con la temporada de elecciones?

Los escritores y una temporada de elecciones.

Si el tema es la ficción, si su pasión son las historias de amor o las aventuras de zombis, si lo que le mueve las manos para teclear historias son los conflictos de ladrones y policías, si es en la comedia en donde todo fluye, ¿Qué carajos tiene usted que ver con la temporada de elecciones?

Un buen grupo de escritores de ficción está muy seguro de que lo suyo nada tiene que ver con la realidad y se siente a salvo en sus teclados ingeniando personajes y situaciones que nacen en su imaginación únicamente para regocijo de sus fantasías y de las de los que los lean. Ellos son escritores que se visten de artistas y que en la menos petulante de sus manifestaciones se declaran “entretenedores”, ellos hacen novelas de amor y comedias divertidas en las que no invierten un solo momento de criterio político “porque para eso están los documentales y los noticieros”, argumentan.

Hay otro mundo de narradores. Los que creen que nada de lo que el hombre hace está desligado de la política y que sienten que una historia de amor es una de las dimensiones más atiborradas de valores y principios que se pueda construir. Claro no se habla de elecciones, ni de economía o de seguridad, se habla de las razones por las cuales se construye una familia, por ejemplo. Y se habla de los valores que relacionan a padres e hijos.  Se habla de lealtad entre los amigos y también se habla de ética, no de ley. Eso es política.

Los primeros escriben para divertir y no toleran que se les haga responsable de nada que salga del marco de sus textos. Los segundos aseguran que sus textos son resultado de su respiración en la atmósfera y se hacen responsables de digerir bien para transpirar ordenadamente, los primeros comen, respiran y vomitan sin que les preocupe a donde van sus desechos.

En la literatura hay célebres emblemas de la una y de la otra. ¿En dónde queda un Wilde que estuvo preso por escribir? Y por aquí cerca, ¿Un Vallejo que tiene la entereza de decir lo que piensa a sabiendas del odio que va a suscitar? También hay mercaderes en la prosa, muchos más de los que quisiéramos.

En temporada de elecciones los escritores somos los notarios, los cronistas y los profetas de nuestro presente. Eso creen los segundos.  Los primeros se ocupan de escribir comedias para distraer un poco a los pobres electores, los segundos hacen cosas como las de Oliver Stone.

¿Usted de cuales se siente afecto?

 

Foto por:

unsplash-logoMark Solarski

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